Agua y Cloacas

Agua potable y cloacas para el 100% de la población urbana

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Resumen Ejecutivo

Tal como existe un consenso socialmente instalado, sobre la necesidad de equipar el país con una red de autopistas, también hay una fuerte demanda ciudadana de dotar de saneamiento integral a todos los habitantes urbanos. Esto hoy nadie discute.

Por eso creemos, que aceptado el qué, lo más importante ahora es demostrar cómo podemos hacerlo aún en este momento crítico. Las inversiones son cuantiosas –equivalente a U$S 28.000 millones-, el Tesoro está exhausto, el déficit público es cuantioso –requirió un endeudamiento de U$S 35.000 millones durante el 2016 y los pagos de los usuarios del servicio ni siquiera cubren los costos operativos.

En este contexto, la solución es abrevar en nuestras raíces. Aplicar la receta de nuestros Padres Fundadores. En 1863, cuando el Estado Nacional tenía un presupuesto del 2% de un PBI que era el medio por ciento del actual, se lanzaron a la epopeya ferroviaria “construyendo” 35.000 km de vías férreas que en dólares actuales supone una inversión de U$S 71.000 millones. ¿Cuál fue el secreto de este milagro? En realidad, ellos no construían ni pagaban los ferrocarriles. El Estado no hacía sino que hacia hacer, con inversión privada, sin plata pública que no había, tal como ocurre en la actualidad. Era el modelo de gestión del Central Argentino, que ya hemos explicado en detalle en los capítulos anteriores.

Sobre esta base, necesitamos estructurar proyectos de gran escala que atraigan a grandes empresas que asuman el financiamiento, el proyecto de obra y la construcción de las redes con sus propios recursos. Una vez finalizado y habilitado cada módulo funcional de obra al uso público, cobrarán al contado emitiendo Bonos de Infraestructura Triple A, gracias a las garantías BID y Banco Mundial.

El desafío de mayor envergadura es el Gran Buenos Aires que debería ser licitado Partido por Partido para que un grupo empresario realice la obra integral.

Desarrollo de la meta

Un recurso vital

El agua es esencial. Ningún “ser viviente” puede sobrevivir sin este elemento.

En las ciudades, especialmente en los grandes aglomerados urbanos, cuando este recurso se torna escaso o su calidad es deficiente, se pone en serio riesgo la salud de la población.

En nuestro país se da una gran paradoja: tiene abundancia de agua con ríos caudalosos como el Río de la Plata, el Paraná, el Uruguay, el Río Negro, entre muchos otros, pero por falta de infraestructura de distribución y depuración, nuestra abundante agua dulce no se distribuye a todos los habitantes de los centros de consumo. Tenemos lo esencial y nos falta lo accesorio: organizar la logística del servicio público universal, para lo cual contamos con todos los recursos. La tecnología ha abaratado el costo de las redes de agua y cloacas. Hoy se construyen con caños de PVC que se fabrican en nuestro país y que han desplazado a los de hormigón y hierro fundido, mucho más costosos.

No obstante estas condiciones propicias, el déficit hídrico es considerable. Según el Censo Nacional de 2010 se registraban 6.435.000 personas sin agua segura y 18.747.000 sin cloacas.

El agua segura es una condición esencial para estar vivo. Tiene una fuerte influencia en la mortalidad infantil. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde la calidad del saneamiento (agua y cloacas) es de buen nivel y alcanza a la mayor parte de la población, la tasa de mortalidad infantil está en el orden del 10 por mil, mientras que en las provincias periféricas se registran tasas hasta seis veces más altas: 60 por mil, similares a las de África. De cada cien niños que nacen mueren seis en los primeros cinco años. Con saneamiento universal podríamos evitar cinco de cada seis muertes.

Hay que encarar con urgencia a nivel nacional, la construcción de 80.000 km. de tuberías de agua y cloacas, para brindar un servicio universal de saneamiento. Esta gran obra generará además, empleo productivo en gran escala. Se estiman unos 2 millones de meses-hombre de trabajo.

El déficit hídrico es uno de los indicadores más elocuentes del subdesarrollo. Las estadísticas demuestran que, en el mundo, al menos una de cada tres personas, carece de baño. Muere más gente de enfermedades causadas por no tener un lugar seguro y limpio para ir al baño que de VIH/SIDA, malaria y tuberculosis juntas.

Una de las principales razones de la mortalidad infantil son las instalaciones sanitarias, un sector en el que todavía estamos muy atrasados”…”En muchos países todavía es más riesgoso ir al baño que cualquier otra actividad”. Esto dijo Andreas Lindstrom, gerente de programas del Instituto Internacional del Agua con sede en Estocolmo, en una conferencia en Viña del Mar, Chile

Señala con acierto el agudo economista Ricardo Hausmann: El hogar promedio en India carece de servicios de agua corriente y como consecuencia muchos de los indios que tienen teléfonos celulares deben defecar al aire libre.Copyright: Project Syndicate, 8.nov. 2014.

Los representantes de los gobiernos, en la reunión del Día Mundial del Agua realizada el 22 de marzo de 2012 en las Naciones Unidas, reconocieron que una de las mayores paradojas que hoy enfrenta la humanidad es que hay más teléfonos celulares que baños limpios en la Tierra. Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones hay 6.000 millones de celulares, mientras que 1.200 millones de los 7.000 millones de habitantes del planeta no tienen acceso a agua potable y 2.400 millones no están conectados a sistemas de cloacas.

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Esta disparidad pone sobre el tapete la absurda contradicción de que servicios de alta tecnología como los celulares están disponibles para todos, en tanto cuestiones tecnológicamente más simples como proveer agua potable y descargas cloacales, exhiben un déficit alarmante. El mercado hace eficientemente lo difícil, pero los Gobiernos en los países subdesarrollados, parecen incapaces de hacer lo más simple: tender una tubería y transportar agua, cosa que ya hacían los romanos hace dos mil años.

Desarrollo humano y calidad de vida

El desarrollo de un país se mide, tradicionalmente, por su nivel de ingreso per cápita, calculado a partir de su producto bruto interno (PBI), que computa la cantidad total de bienes y servicios que se consumen. Esta medición no toma en cuenta la calidad de esos bienes y por lo tanto no evalúa cuánto aportan al bienestar de la población, a la “calidad de vida”, dando por supuesto que la libre elección de los consumidores logrará por sí sola una plena identidad entre cantidad de bienes y calidad de vida. Este sistema puede ser engañoso en aquellos bienes que el mercado no provee en forma espontánea y que requieren un impulso, estímulo o coordinación del estado. Por ejemplo, el agua es un servicio público que debería ser universal y de calidad excelente y homogénea, para que todos los habitantes puedan tomar agua de la canilla sin verse obligados a recurrir a sustitutos mucho más costosos, que no resuelven el problema de fondo. La recolección de las excretas y vertidos industriales, así como su tratamiento, también deberían ser universales para que todos los cursos de agua se conserven limpios.

En la región metropolitana de Buenos Aires, se gasta unos 2.000 millones de dólares anuales en aguas envasadas. Frente a esto, la gran paradoja es que la meta prioritaria de alcanzar un saneamiento integral y una provisión universal de agua verdaderamente potable, costaría anualmente una cifra equivalente. Sin embargo, la política oficial es aplicar tarifas subsidiadas a la población que cuenta con estos servicios y obligar a los sectores más pobres, que no los tienen, a gastar más de lo que pueden, en agua envasada.

Mientras más deficiente sea la calidad del servicio universal de agua potable, mayor será la adquisición de sucedáneos envasados más caros.

Desde la década de 1970, Amartya K. Sen, Nobel de Economía, comenzó a cuestionar la utilización del ingreso per cápita como único criterio para medir el nivel de desarrollo, proponiendo adoptar un Índice de Desarrollo Humano (IDH) en el que incorporó indicadores tales como salud, seguridad, educación, descentralización, discriminación por género etc. Este criterio proponía equiparar a la supervivencia y a la calidad de vida, con el tradicional ingreso per cápita, para medir el nivel de desarrollo de un pueblo. Solía decir AmartyaSen, que estar vivo es una condición esencial para poder disfrutar de los bienes.

El objetivo que se fija como meta, en la mayoría de los países, para que la gente supere el nivel de pobreza, es librar una batalla contra los bajos ingresos. Siguiendo este criterio, si entregáramos a cada pobre una suma de dinero suficiente para que accediera a la categoría de “no pobre”, desde el punto de vista meramente cuantitativo del PBI, el tema quedaría resuelto. Pero esto no es así. Más dinero en el bolsillo no resuelve la pobreza estructural: carencia de vivienda digna, la falta de agua potable, o insuficiencia del sistema de transporte. Todos estos servicios deben ser vistos como servicios universales, de los cuales depende la calidad de vida: constituyen un umbral mínimo para el despegue y el desarrollo humano, en todas sus potencialidades.

LAS REDES DE SANEAMIENTO Y LAS VILLAS MISERIA

Como se explicó al tratar la meta Viviendas, la peor carencia de las villas miseria radica en la ausencia de tejido urbano. No hay calles. Falta el damero de la cuadrícula. No existe el espacio público que es esencial para la circulación y también para el tendido de las redes de servicio. Tanto las redes de agua, cloacas, desagües pluviales (además de la red de gas natural) deben ser enterrados en el suelo y la única posibilidad de hacerlo es la vía pública. Sin calle el tendido de estas redes es físicamente imposible. Es por eso que la urbanización de las villas es una tarea imposible porque para abrir las calles habría que demoler gran parte de las viviendas. Por otra parte, el grado de apiñamiento entre las edificaciones obligaría a abrir muchas más calles de las necesarias en el damero tradicional, con lo cual la apertura de los trazados se convierte en una tarea ímproba.

En la década del 90, en la villa La Cava del Partido de San Isidro, se llegó al extremo de colocar una red precaria de distribución de agua en forma aérea, colgando los caños de PVC de los postes del tendido eléctrico. Desde luego, esto es imposible con las redes de cloacas y los desagües pluviales por su mayor diámetro y porque únicamente funcionan por gravedad.

Es por tal razón que la erradicación de las villas es indispensable para integrar a sus habitantes al tejido urbano y social normal, y además para poder brindar los servicios esenciales de saneamiento.

La situación en nuestro país

EL CENSO DE LA ÚLTIMA DÉCADA

El saneamiento no ha mejorado en la última década. El 46,82 % de los hogares de todo nuestro país carece de cloacas. Esto implica que 18.747.000 habitantes no están conectados a este servicio esencial. Según el último censo (2010) la cantidad de hogares sin cloacas aumentó desde el 2001 en 1.161.936 familias. Esto representa un crecimiento de la población no servida de 3.822.000 habitantes.

Por otra parte, hay 1.956.000 hogares sin servicio de agua segura de red que significa que 6.435.000 habitantes carecen de este servicio vital.

Como en tantas otras áreas, nuestro país padece un retroceso inaceptable en servicios sanitarios. En la década de 1930 había logrado un sistema de saneamiento de alcance universal en todas las ciudades importantes. Alejandro Bunge señala en su libro La Nueva Argentina, que ocupábamos el segundo lugar en el mundo en menor tasa de mortalidad infantil, sólo superado por Holanda.

Esto se debía principalmente al servicio universal de agua potable en las ciudades y también a que las madres amamantaban a sus hijos y el pueblo en general estaba bien alimentado con abundancia de proteínas baratas basadas en la dieta cárnea.

En nuestro país, tenemos abundancia de lo que es escaso en muchas regiones del mundo: el agua dulce. Sólo nos falta lo accesorio: depurarla y distribuirla. Es decir, organizar la logística del transporte para lo cual contamos con todos los recursos. Las redes troncales y grandes acueductos son de hormigón y las redes domiciliarias de menor con caños de PVC, que han desplazado a los de hormigón y hierro fundido y se fabrican en nuestro país. El PVC se fabrica con materias primas que tenemos en abundancia. Es un polímero compuesto de sal común o cloruro de sodio (57 %) y gas natural (43 %).

Tenemos en esta área una tarea urgente y prioritaria: dotar de agua potable y cloacas al 100% de la población urbana de todo el territorio nacional, saneando los cursos de agua mediante un tratamiento integral de los efluentes.

El Modelo de Gestión del Central Argentino aplicado a las obras de saneamiento

El saneamiento con alcance universal requiere grandes inversiones que el Estado no puede encarar. Según el Presidente de AySA Ingeniero José Luis Inglese son necesarias inversiones por U$S 28.000 millones.

Por eso se impone adoptar el Modelo de Gestión del Central Argentino que concretó la construcción de la red ferroviaria más extensa de América del Sur. En un país cuyo PBI era el medio por ciento del actual, se puso en marcha una obra ciclópea que en dólares de hoy sería una inversión de U$S 71.000 millones. Más del doble de lo que requiere el saneamiento universal: agua segura y cloacas para todos.

Para su implementación hay que estructurar contratos de gran envergadura que son los únicos que pueden movilizar a las grandes empresas que cuentan con respaldo suficiente para lograr los préstamos bancarios. El Gran Buenos Aires se debería subdividir por Partidos -por ejemplo Quilmes, Lanús, Lomas de Zamora, Merlo, La Matanza, etc.- dando la responsabilidad integral a un consorcio para proyectar, financiar y construir todas las obras necesarias. Imaginemos un contrato para el Partido de la Matanza. 1.772.000 habitantes (Censo Nacional 2010). El comitente debe elaborar especificaciones precisas sobre la calidad de las obras. El contratista debe hacer el proyecto y someterlo a la aprobación del comitente. En este caso la envergadura del desafío aconseja dividir el programa en módulos. Terminado un módulo se habilita la obra y el contratista emite Bonos de Infraestructura por el monto de obra ejecutado. Son bonos garantizados que se colocan en el mercado y el contratista cobra al contado. A partir de ahí continua con otros módulos hasta completar la encomienda.

Enfatizo la importancia de la escala de cada licitación, basada en la experiencia personal cuando estructuré, con el asesoramiento de la empresa líder en el mundo WheranEngineering, los contratos de relleno sanitario para toda la basura de la Ciudad de Buenos Aires y los partidos del Este del conurbano. Fueron contratos de largo plazo (20 años), que permitieron amortizar inversiones de gran escala en 3 estaciones de transferencia de última generación. Se logró la concurrencia de importantes firmas, resultando adjudicatario Techint. ¿Quién hubiera pensado que una empresa de esta envergadura se iba a interesar en enterrar basura? De hecho lo hicieron y permanecieron en la actividad más de 20 años y sucesivas prórrogas.

Otro caso fue la licitación para la recolección de basura domiciliaria en dos tercios de la ciudad de Buenos Aires realizada en 1979. Fue también un contrato de largo plazo y gran envergadura que movilizó a empresas locales asociadas con las tres empresas más grandes del mundo en esa especialidad, resultando ganadora Manliba, empresa liderada por Waste Management de Chicago. ¿Cómo se logró esta concurrencia? Por la correcta estructuración del proyecto y su escala.

Esto demuestra que este modelo de gestión es versátil y útil para las actividades más diversas. Podemos extenderlo al saneamiento y aportar soluciones a escala de estas grandes carencias.

Se dotará a millones de habitantes de un servicio esencial para la vida y la salud y se hará sin costo presupuestario para el Estado, agobiado por sus grandes déficits. Cuando las obras se habiliten, el contratista emitirá bonos de infraestructura a treinta años que serán pagados por el Estado afectando una cuota anual equivalente a U$S 2.034 millones (2 días y 1 hora del Gasto Público Total). Dicha cuota se irá aplicando en forma gradual a medida que se terminen los módulos lo que previene un stress presupuestario al erario público.

Recordamos que los Bonos de Infraestructura tienen garantía de la Nación y, en el caso de megaproyectos, también la de organismos internacionales lo que reduce el costo financiero y facilita su colocación. Se otorgarán desgravaciones impositivas a los suscriptores iniciales, que mantengan los bonos en su poder por dos años.

La colocación de las sucesivas emisiones, se verá facilitada por el direccionamiento del crédito a estos Bonos, el avance de la Bancarización Universal Inducida y el gradual crecimiento del mercado de capitales.