Introducción

Planetas alineados

Estamos ante una oportunidad que el país no debe desaprovechar. Varios “PLANETAS” de la economía están alineados para que, decisión política mediante, podamos desencadenar un vigoroso crecimiento económico direccionado a sustentar un proceso de desarrollo perdurable.

Para ser un país desarrollado hay que tener muy bajos índices de pobreza y CERO de Pobreza Estructural.

La Argentina exhibe hoy dos grandes factores negativos. Si sabemos encontrar el multiplicador idóneo, combinados como en el álgebra (“menos por menos da más”), arrojarán un resultado positivo potenciado. Por un lado, el país tiene 3,5 millones de desocupados (reales, o disimulados en la burocracia improductiva) y, por otro lado, tiene carencias básicas de gran escala que pueden solucionarse con recursos internos en oferta excedente y casi sin requerir importaciones. Estas carencias básicas son la más clara expresión de la Pobreza Estructural que hoy padecemos: vivienda, saneamiento, transporte.

Necesitamos entonces combinar en forma proactiva estos dos factores negativos (desempleo y carencias) y estructurar un plan de desarrollo de gran escala que supere antinomias ideológicas y partidistas y aúne la voluntad popular tras el objetivo central de alcanzar la Pobreza Estructural Cero.

Generar trabajo productivo para nuestros millones de desocupados, producirá un notable crecimiento del PBI y al mismo tiempo dará respuesta positiva a necesidades básicas largamente postergadas. Las propias organizaciones sociales, luego de décadas de asistencialismo cada vez más exacerbado, hoy descreen que ese sea el camino y reclaman trabajo productivo en serio.

La Iglesia Católica, también viene planteando esta cuestión con claridad:

El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina Monseñor José María Arancedo declaró en noviembre de 2014:

Nos preocupa la pobreza. Hay un esfuerzo del Gobierno, por caso, a través de la Asignación Universal por Hijo, pero no se sale de la pobreza estructural con planes sociales sino con trabajo en blanco, vivienda, cloacas, luz, etc. Es algo que trasciende a un gobierno y que requiere políticas de largo plazo”.

A diciembre de 2016, con el conocimiento de datos del INDEC acallados durante varios años, se nos revelan las cifras ciertas de esta lacerante realidad: el 32,2% de la población económicamente activa se encuentra en la pobreza y el 6,3% en la indigencia.

La pobreza derivada del subdesarrollo no es una virtud digna de ser ensalzada; es una enfermedad curable si el hombre asume el mandato del Génesis: someter la Tierra para ponerla al servicio de la felicidad humana.

El hombre creado a imagen y semejanza del Supremo Creador cuenta con el único recurso terrenal infinito que existe: la posibilidad de modificar la realidad con su inteligencia y su voluntad.

El Presidente Arturo Frondizi, al asumir su mandato el 1 de mayo de 1958, expuso varios principios que consideraba necesarios sostener para el gobierno de un país democrático y con vocación de desarrollo. Entre ellos destacamos este:

Terminar con el clientelismo. Un gobierno no debe “manipular la pobreza”. La “conquista real y efectiva” de los trabajadores se da cuando, en medio de una economía en expansión, se les garantiza empleo y salarios que les permitan “el goce de mayores bienes”.

Tenemos Grandes Carencias que requieren soluciones de Gran Escala. Es imposible resolver grandes problemas con pequeños paliativos: “a grandes males, grandes remedios”.

Nuestra propuesta consiste en multiplicar entre sí estos dos grandes números negativos: 3,5 millones de desempleados por las grandes carencias de bienes básicos a crear (vivienda, cloacas, transporte, etc.), que demandarán inversiones en pesos, equivalentes a u$s 380 mil millones.

Además, para hacer operativa esta propuesta, es esencial contar con el elemento catalítico que ordena los factores de producción: el crédito en pesos, de largo plazo y baja tasa, “elemento ligante” para que el desempleo se transforme en riqueza. Así, 3.5 millones de desocupados comenzarán a trabajar productivamente en su propio beneficio para construir los bienes que indispensablemente necesitan y que hoy están fuera de su alcance y sintetizan la pobreza estructural.

Como adelantamos, realizar estas obras no requiere endeudamiento externo porque se realizan con insumos locales.

Requiere sí encarar cuanto antes la creación de dos instituciones que estimulen la multiplicación del ahorro nacional y lo direccionen a la construcción de estas grandes obras. Estas instituciones son: la Bancarización Universal Inducida y la Unidad de Cuenta Estable – UCE, análoga a la Unidad de Fomento (UF) de Chile.

Nuestra propuesta se encuentra ampliamente desarrollada y fundamentada en el libro LA MONEDA VIRTUAL – Unidad de Cuenta Ontológicamente Estable- de Guillermo Laura y Ergasto Riva (Pluma Digital Ediciones 2012).

Veamos cómo están alineados los planetas:

Primer planeta: desocupados que quieren trabajar en serio, productivamente, y están tomando conciencia creciente de que el asistencialismo nunca los sacará de la pobreza. El desempleo y la involución de la sociedad causan un daño más profundo y doloroso que la pérdida contable derivada de la perniciosa práctica de pagar salarios o subsidios a cambio de nada. El mayor daño a la comunidad es la pérdida de la cultura del trabajo. Dijo Franklin D. Roosevelt en tiempos de la Gran Depresión:

Ningún país, por rico que sea, puede soportar el derroche de sus recursos humanos. La desmoralización causada por el desempleo generalizado es nuestro mayor despilfarro. Moralmente, es la mayor amenaza de nuestro orden social.

Segundo planeta: carencias básicas de gran escala que necesitan precisamente el trabajo masivo de esos mismos desempleados para dejar así de despilfarrar nuestro recurso más valioso: el trabajo de nuestro pueblo. Acá todo está por hacerse. Otros países como España ya tienen totalmente equipado su territorio. No necesitan más autopistas, más aeropuertos, más viviendas, más redes de saneamiento y por lo tanto no es aplicable la tradicional receta keynesiana de reactivación mediante la obra pública. Acá necesitamos todo eso imperiosamente. Debemos y podemos aprovechar la oportunidad para poner en marcha el Gran Plan que genere una formidable reactivación y desencadene el desarrollo.

Tercer planeta: pleno empleo productivo por interacción de los dos primeros planetas: las obras a ejecutar generan ocupación masiva de mano de obra rápidamente entrenable. Poner bloques, clavar techos, cavar zanjas, construir terraplenes o plantar árboles, son actividades que hasta ahora no han sido reemplazadas por los robots, como ocurre progresivamente en la industria. Con una planificación basada en el sentido común, podemos lograr algo muy valioso que resulta difícil de alcanzar en el mundo moderno altamente tecnificado: el pleno empleo productivo.

Cuarto planeta: no es necesario endeudarse en divisas. Los insumos necesarios para estas grandes obras, tales como tierra, arena o piedra, están dispersos y disponibles en la naturaleza en oferta excedente por lo que la importación de bienes tiene escasa relevancia.

Quinto planeta: las familias, en su mayoría, no tienen deudas hipotecarias por falta de crédito de largo plazotras siete décadas de inflación crónica. Tienen sí necesidad y capacidad de endeudamiento, para absorber créditos hipotecarios. Tomando como referencia el caso de Chile adonde las hipotecas para vivienda alcanzan al 25% de su PBI, Argentina, con este mismo porcentaje, podría superar cincuenta veces el nivel registrado a diciembre de 2016 que era del medio por ciento.

Sexto planeta: el pueblo argentino ahorra. Se cree, erróneamente, que no, cuando en realidad el ahorro alcanza cifras cuantiosas. El problema es que a causa la inflación crónica, estos ahorros se refugian en el dólar saliendo del circuito económico nacional. El INDEC registra que el stock de activos externos asciende a US$ 205 mil millones. Estimaciones de instituciones privadas como la TaxJustice Network (TJN), que incluyen los fondos no declarados, elevan esta cifra a U$S 400.000 millones. Según esta estimación el 68,5 % del PBI se encuentra fuera del sistema.

Séptimo planeta: el Estado es riquísimo en flujo de fondos. Gasta el equivalente a 1.000 millones de dólares por día hábil es decir 250.000 millones de dólares al año.

Octavo planeta: ley 27.328 de Participación Público Privada (PPP). El Congreso ha aprobado por amplia mayoría esta ley 27.328 que en su artículo 18, inciso a) autoriza la cesión de flujos tributarios en pago de inversiones hechas por particulares en bienes públicos.

Bastaría con destinar el 5,4% del flujo anual durante 30 años para resolver sin recursos propios actuales, bienes públicos de todo tipo (carreteras, aeropuertos, obras de saneamiento, obras hidroeléctricas, escuelas, hospitales, centros deportivos, parques públicos, cárceles) El inversor privado construye el equipamiento con fondos propios y recién comienza a cobrar después de habilitadas las obras.

La lucha contra la pobreza exige crear riqueza. Y la lucha contra la pobreza estructural exige direccionar la riqueza a las carencias básicas. En nuestro caso, hace falta un shock de inversiones de gran escala –U$S 380.000 millones- que provocarán dos efectos virtuosos: terminar con el estancamiento impulsando un crecimiento del PBI del 10,1% anual durante 4 años con el consiguiente incremento de la recaudación fiscal que evitará dolorosos ajustes del gasto corriente y pondrá coto a la inflación.

Cómo aprovechar esta alineación de los planetas

En resumen:

1- Hay que poner a trabajar productivamente esta formidable fuerza laboral de 3.585.000 desocupados explícitos o disfrazados, para resolver las carencias que hoy padecemos.

2- El financiamiento de este Gran Plan requiere crédito interno en pesos de largo plazo y baja tasa de interés, para lo cual hay que bancarizar en profundidad el país mediante el programa de Bancarización Universal Inducida.

3- Como ancla que posibilite al Sistema Bancario otorgar préstamos en pesos, de largo plazo, en moneda constante, hay que crear la Unidad de Cuenta Estable – UCE.

4-Blindado contra la inflación del peso y del dólar, el ahorro interno se irá canalizando gradualmente hacia la Unidad de Cuenta Estable, reduciéndose la fuga de capitales.

5- Todo este ahorro será la base de la profundización del Sistema Bancario, potenciado con el multiplicador de depósitos que posibilitará una vigorosa expansión del crédito. El mercado de capitales se potenciará con la difusión de nuevos instrumentos de crédito, respaldados por el incremento de la riqueza generada a partir del trabajo productivo.

6- La bancarización universal lleva aparejado un beneficio adicional: la reducción de la evasión impositiva que permitirá mitigar la intolerable presión tributaria actual y recuperar el defecto de ingresos que provoque la derogación de gravámenes distorsivos como el impuesto al cheque.

7- La reactivación de la economía permitirá absorber gradualmente el personal excedente del estado y reducir a límites razonables el gasto público que hoy no es sustentable, porque el déficit obliga a un excesivo endeudamiento externo. Un presupuesto equilibrado implica también terminar con la absorción de los escasos recursos de crédito bancario para cubrir gasto corriente como ocurre con las LEBACS. Al 30 de noviembre de 2016 las LEBACS representan $ 732.000 millones equivalentes a U$S 45.768 millones (Clarín, 4.dic.16, pág. 24). Sostenía el Presidente Arturo Frondizi, también en su citado discurso del 1 de mayo de 1958:

No hipertrofiar el Estado. Los gastos corrientes de la Administración pública deben ser atendidos con los recursos provenientes del régimen tributario. Cubrirlos con fondos de otro origen implica transferir a las futuras generaciones la carga financiera de la burocracia y el dispendio presentes.

Un cambio profundo

El Gran Plan requiere cambios profundos exige cambios profundos con la puesta en marcha de metas de gran escala que por su envergadura suelen arredrar a los gobiernos. Recordamos esta reflexión del Presidente F. D. Roosevelt:

La única cosa que debemos temer es al miedo. El único límite de nuestras realizaciones futuras son nuestras dudas de hoy. Movámonos hacia adelante con vigor y fe positiva.

En las actuales circunstancias, encarar exitosamente esta transformación es necesario y posible. Como dijimos, todas las carencias que nuestro país padece, se resuelven con obras de ingeniería básica para las cuales contamos con tecnología y técnicos avezados. Pero en primer término hay que implementar las Metas Institucionales: crear por ley la Unidad de Cuenta Estable-UCE, patrón monetario que sirva de ancla a la economía, acompañado por la Bancarización Universal Inducida. Ambas instituciones generarán un crecimiento exponencial del crédito bancario de largo plazo que permitirá financiar las inversiones requeridas para estas grandes metas, estimadas en el equivalente a U$S 380.000 millones.

Crédito abundante no significa creación automática de riqueza

Pero advirtamos que el crédito, por sí solo, no resuelve el problema de las carencias. Reiteradas veces se crearon fondos específicos o se contrataron créditos externos para realizar obras que nunca se ejecutaron. Es imprescindible en adelante, neutralizar la pulsión irresistible de desviar estos recursos a la fábrica de expedientes que termina esterilizando el trabajo argentino y canalizarlos a la ejecución de grandes metas, claras y precisas, como las que proponemos. De este modo se hará realidad el programa trazado por la Constitución Nacional para alcanzar el Estado de Bienestar.

El Estado de Bienestar en nuestra Constitución

La Constitución Nacional contiene una enumeración completa de los derechos y garantías de un moderno Estado de Bienestar. Al respecto existe amplio consenso de los sectores políticos y de la opinión pública. No es una cuestión en debate.

La Constitución nos dice con claridad meridiana qué debemos hacer. Lamentablemente no hemos encontrado el modelo de gestión idóneo para implementarlo. Todos los procedimientos intentados por sucesivos Gobiernos desde hace décadas, han fracasado. Por ejemplo la vivienda digna incorporada en la reforma de 1957. Las provincias crearon 24 institutos de la vivienda pero el déficit habitacional en lugar de disminuir aumentó y hoy alcanza a 2 millones de unidades. La política utiliza este procedimiento: ante cada problema crea una burocracia específica sobrecargada de personal fiel al lema Gobernar es Nombrar. Los recursos destinados a resolver la carencia se consumen en el organismo administrativo y el problema, lejos de solucionarse se agrava hasta tornarse insoluble.

El artículo 14 bis garantiza la retribución justa. Pero la pobreza alcanza al 32% de la población.

Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano y equilibrado (art.41). Pero el 50% de la población urbana carece de cloacas.

Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas… (Art. 18). Basta enunciar esta meta para darse cuenta de lo lejos que estamos en esta cuestión crucial para garantizar la seguridad ciudadana.

Son apenas cuatro ejemplos. Pero si recorremos el listado completo de derechos garantizados por la CN, comprobaremos que el Gobierno no satisface ninguno de ellos.

Un Pacto de la Moncloa para el desarrollo

Desde hace tiempo se viene señalando la necesidad de un acuerdo de todas las fuerzas políticas para enfrentar los problemas que nos agobian. Una suerte de Pacto de la Moncloa en el que se fijen los grandes lineamientos de una Política de Estado para el desarrollo. Como dijimos, las grandes metas ya están delineadas en la Constitución Nacional. Lo que falta para alcanzarlas, desde hace varias décadas, es acordar el procedimiento, el mecanismo institucional y el modelo de gestión idóneo. Ya no es necesario discutir adónde queremos llegar, sino cual es el camino que hay que transitar.

El objeto del presente trabajo es precisamente analizar prioridades, dimensionar la escala de los proyectos, definir el modelo de gestión que garantice la conclusión de las obras y fundamentalmente identifique la fuente de financiamiento y el flujo de fondos de repago.

La excusa habitual de los funcionarios ha sido desde hace décadas, la falta de recursos. Pero la participación del Estado en el PBI ha alcanzado el nivel de países desarrollados como Alemania (43%), y superado el de Estados Unidos (38%). Nuestro gasto público insume 1.000 millones de dólares por cada día laborable cifra igual al total de la deuda externa al asumir el Presidente Frondizi el 1 de Mayo de 1958. El fracaso es especialmente perceptible en la baja calidad de los servicios y bienes públicos brindados. ¿Es sensato pagar U$S 1.000.- millones diarios por esta seguridad, por esta Justicia, por esta educación, por esta salud pública?

Un Estado rico en flujo y pobre en stock

Como demostramos en este libro, las grandes carencias estructurales podrían resolverse afectando a su ejecución apenas trece días de gasto público. El Estado argentino es rico en flujo y pobre en stock. Carece de stock de fondos suficientes para encarar grandes emprendimientos, pero puede, en cambio, securitizar flujos futuros para el repago de grandes inversiones realizadas previamente por el sector privado. El Estado debe fijar prioridades y estructurar los proyectos, constituyendo garantías reales para securitizar el flujo de fondos proveniente de impuestos o tasas, tal como autoriza la ley PPP 27.328. Lo que sobra en el mundo son capitales. Para seducirlos es indispensable generar proyectos rentables bien estructurados.

Bancarización Universal Inducida y Unidad de Cuenta Estable – UCE

Para darle factibilidad a esta propuesta es necesario contar con crédito en pesos de largo plazo y baja tasa, en volúmenes acordes con los emprendimientos. No es necesario que el país siga endeudándose en divisas, porque estas grandes obras se hacen sustancialmente con recursos internos. Ello exige crear dos instituciones: la Bancarización Universal Inducida y la Unidad de Cuenta Estable – UCE.

Argentina es un país escasamente bancarizado (12% del PBI de diciembre de 2016), no obstante contar con una banca moderna y eficiente. La meta propuesta es alcanzable: una bancarización del 79% del PBI como tiene Chile, para contar con crédito equivalente en pesos a U$S 380.000.- millones.

Desde el comienzo de los tiempos ha habido tres grandes inventos: el fuego, la rueda y el Banco Central (cfr.Samuelson)

En el mundo moderno el sistema bancario tiene un rol insustituible para el desarrollo de la economía.La reserva fraccionaria permite maximizar el fenómeno de expansión múltiple de los depósitos bancarios creando dinero secundario. Para ello es necesario que los depositantes muevan su dinero dentro del sistema bancario y no interrumpan la cadena de expansión de los depósitos retirando efectivo. Hay que evitar la filtración que interrumpe el multiplicador. De este modo, el sistema bancario en su conjunto puede prestar varias veces el dinero de alta potencia que recibe de los depositantes.

Los casos de Chile y Argentina son elocuentes:

Argentina con bancarización del 12% del PBI presta su base monetaria 1,35 veces.

Chile con bancarización del 79% del PBI presta su base monetaria 13,26 veces.

Si Argentina tuviera la bancarización de Chile podría aumentar su disponibilidad de crédito bancario en el equivalente a U$S 380.000 millones.

La batalla del cemento

El 24 de julio de 1958 Frondizi lanzó la batalla del petróleo y alcanzó en cuatro años el autoabastecimiento. Hoy tenemos que lanzar la batalla del cemento para lograr el pleno empleo y un crecimiento del 10% anual durante cuatro años, llevando a cabo las siguientes metas estructurales.

Meta 1.- Vivienda social y de sectores medios. Monto total equivalente a U$S 200.000 millones en 3 millones de viviendas.

a) Vivienda social: 2 millones de viviendas mediante el sistema de Vouchers Inmobiliarios equivalentes a U$S 50.000 cada uno, que los bancos desembolsan contra escritura e hipoteca en primer grado, a 30 años. El propietario reembolsa el capital en moneda constante y el Estado toma a su cargo el pago de los intereses al 6% anual.

b) Vivienda de sectores medios: Un millón de viviendas de monto estimado en el equivalente a U$S 100.000.- a 30 años al 6 por ciento sin costo fiscal.

Meta 2.- Saneamiento.

Agua segura, cloacas y desagües pluviales equivalente a U$S 28.000 millones.

Meta 3.- Transporte interurbano.

13.346 km. de autopistas, equivalente a U$S 27.000 millones; 100.000 km de caminos rurales, equivalente a U$S 32.000.- millones. Transporte aéreo: 50 aeropuertos, equivalente a U$S 1.000.- millones.

Meta 4.- Transporte urbano,equivalente U$S 25.000 millones.

Meta 5.- Otras Obras emblemáticas y Energía: Equivalente a U$S 62.000 millones. Puente a Colonia; Puente Zárate – Nueva Palmira; Puente Goya-Reconquista; Aeroisla del Río de la Plata; Cruce de Baja altura de la Cordillera de los Andes; Corredor de Tránsito Múltiple F.C. San Martín entre Retiro y Pilar; urbanización parcial de tierras de Campo de Mayo; Saneamiento del Riachuelo; Sistema Carcelario Modelo para 100.000 internos.

Obras hidroeléctricas: Corpus sobre el Río Paraná; Garabí sobre el Río Uruguay.

Meta 6.- Forestación.

En primera etapa 5 millones de hectáreas equivalente a U$S 5.000.- millones. Permitirá la exportación de productos forestales por U$S 6.000.- millones anuales, en forma sustentable.

La inversión total prevista para la ejecución de todas estas metas en cuatro años, asciende al equivalente a U$S 380.000.- millones.

Reforma impositiva para impulsar el empleo productivo, la inversión y la justicia fiscal

1) Erradicación del “impuesto inflacionario” que castiga el salario y daña la inversión, mediante la aplicación generalizada de la Unidad de Cuenta Estable y el ajuste de los balances por inflación.

2) Evasión fiscal cero. La Bancarización Universal Inducida, permitirá incrementar la recaudación fiscal en términos reales un 47% en cuatro años.

3) Derogación del impuesto al cheque (ley 25.413) y su reemplazo por un impuesto al retiro de efectivo.

4) Devolución de cinco puntos del IVA en operaciones bancarizadas.

5) Eliminación de las retenciones a las exportaciones.

6) Desdoblamiento del impuesto a los ingresos para las sociedades anónimas que coticen en Bolsa, que pagarán una tasa fija del 17%. Si las utilidades se reinvierten en la empresa, este pago queda como definitivo. Si se distribuyen dividendos, cada accionista pagará la alícuota que le corresponda según su escala en el impuesto a los ingresos. Constituye un fuerte estímulo a la inversión y a la creación de empleo productivo.